16 de agosto de 2013

Eduardo Adrianzén nos trae el misterio de "El nido de las palomas"



Dos mujeres embarazadas. Un hombre que aún no sabe cómo asumir la responsabilidad de hacerse cargo de una nueva persona. Un país lejano que se anhela. El país propio al que se regresa. Nidos que se construyen y se desmoronan paralelamente.

El nacimiento de un hijo es un momento absolutamente límite. Todo lo demás se vuelve secundario en la vida de estos tres personajes que luchan por su estabilidad física y emocional, en donde deben aprender que, en esta etapa que recorren, todo tiene solución.

“El nido de las palomas”, escrita en el año 2000 por el dramaturgo y productor de TV Eduardo Adrianzén, es una obra que, en sus palabras, habla sobre “la búsqueda de las cosas reales, sobre la necesidad de buscar cosas ciertas.

Raúl, Mónica y Patricia buscan algo de verdad sobre lo cual construir su verdad, sea esta el amor, la pareja, la paternidad o la profesión”. Pero esta pieza es también un pretexto para hablar sobre nuestro país y cómo el suelo en el que se nace dibuja, indefectiblemente, nuestro futuro.

“Yo estaba en un momento en que pensaba que me tenía que ir del Perú. Eran los últimos años de la dictadura y la recesión estaba horrible. Era una época donde veía que estaba siendo vetado por todos sitios. Estaba muy molesto con mi país en ese momento,” cuenta Adrianzén sobre las motivaciones que lo llevaron a construir este texto que está bellamente acotado por poemas del libro “Declaración de ausencia”, primer poemario de Juan de la Fuente.

Para el joven director Renato Fernández, ganador del Premio del Público del XII Festival Saliendo de la Caja 2013, “El nido de las palomas” representa la aceptación de nuevos destinos.

“Mónica y Patricia tienen visiones muy particulares de la vida y la maternidad que trasgreden una de la otra. Mientras Patricia vuelve porque ya se dio cuenta que fuera de su país no quiero construir su nido, a Mónica no le queda más viajar –muy a pesar suyo- para no arruinar la estabilidad que ya había alcanzado. Sin querer, la una cumplirá el deseo de la otra, demostrando que, algunas veces, no se sabe aceptar el camino que a cada cual le toca caminar”, explica.

“Ya no me voy a ir, siempre he tenido la certeza de que este es mi país y que, a pesar de todo, nunca iba a estar mejor que acá, y siempre tuve la esperanza que las cosas podían cambiar, mejorar y que valía la pena que yo aguante hasta el final. Así que no me fui y mi catarsis fue hacer esta obra”, comenta Adrianzén a modo de colofón.

Este tercer montaje de La Tribu Escena, es una obra que está llena de principios, de luces, que remite a la absoluta y total esencia de lo humano, de ganas de desmitificar a la mujer embarazada, de presentarla en su verdadera dimensión, de mostrar que son mujeres que no necesariamente cambian sino que sus pensamientos se visten de una nueva perspectiva. La temporada va hasta el 1 de septiembre, los viernes, sábados y domingos a las 20:30 en el teatro Mocha Graña.

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